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¡ME CAGO EN GODARD! pedro-vallin-perez
Titulo
¡ME CAGO EN GODARD!
Idioma
Castellano / Español
Categoria
Arte
Editorial
ARPA EDITORES
Paginas
120
ISBN
8417623205
Comentarios
2
Fecha
Etiquetas
Arte, Cine, Teoría y crítica del cine
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Descripción y Resumen

¿Te sientes culpable cuando te gustan las películas de masas, las autoflagelas, las películas de autor? No te preocupes, Pedro Vallín quiere curarte. Los críticos culturales de las plumas de vinagre han condenado al cine de Hollywood durante décadas por ocultar un malvado instrumento de adoctrinamiento colectivo. Una perversión subliminal que aliena a las masas y las inocula con la ideología dominante. Esta visión del cine comercial supone que la gente es tonta. Que siempre se los traga. Entre tazones de palomitas de maíz. Y encima de eso, ríete. Pedro Vallín escribió un ensayo herético en el que defendía que ni los superhéroes yanquis defienden la propiedad privada ni el cine de autor europeo transmiten valores progresistas. Y si generalizamos, ocurre lo contrario: que el cine de Hollywood es emancipatorio y que las producciones europeas tienen un sesgo burgués, egocéntrico y complaciente: Godard es un libro irreverente con una clara vocación por el incordio. Su autor caga no sólo en Jean-Luc, sino también en el elitismo condescendiente del cine europeo, en los dogmas que identifican a las películas americanas de la derecha y en el mal llamado "placer culpable". Porque es absurdo sentirse aliado del imperialismo para disfrutar de una película de palomitas de maíz (o sentirse mejor para dormir frente a una mala película independiente). En definitiva, Pedro Vallín quiso firmar una defensa del disfrute en el cine, el humor y el pensamiento autónomo, es decir, su condena a muerte como crítico cultural de prestigio. Y la gente de Arpa estaba feliz de ayudarlo.

Información sobre el autor y escritor

Opiniones de los lectores

Pedro Vallín elimina los prejuicios contra el cine americano en su primer ensayo, defendiendo que siempre ha sido más progresista y comprometido que el llamado cine europeo, en el que sólo se ve gente buena bebiendo vino en casas frente al mar o en viejos apartamentos parisinos. Vallín captó esta idea, comenzó a desarrollarla de manera prometedora, pero con demasiada frecuencia perdió en el desarrollo de las teorías políticas, económicas e históricas (que tanto dominó, ya que había sido periodista durante décadas), pero finalmente terminó centrándose más en la historia y el desarrollo económico de los Estados Unidos que en la historia misma del cine. Lo entenderás cuando te atrevas a leerlo. Pero tan pronto como empiezas a analizar (algunos brevemente, lo cual es una lástima) las películas son un verdadero placer de leer. Al final, su tesis se defiende y se cierra en los primeros capítulos y parece que el resto no es más que un resumen histórico de las razones económicas que llevaron a Hollywood a producir el cine que hace. Y eso tampoco es bueno, ten cuidado. Lo mejor es que siempre podemos seguirlo en sus críticas de opinión cinematográfica. Espero que vuelva a codearse con otro autor europeo, que no me impida volver a leerle.
En primer lugar, Vallín es periodista, por lo que las excusas sobre filosofía, política, economía, etc. se escriben con una prosa joven y vieja que a veces duele. Y, finalmente, la tesis principal del libro se puede resumir en el hecho de que los republicanos (generalmente, los yanquis de derecha) consideran a Hollywood como un nido de ratas socialistas y comunistas, es decir, demócratas, porque, digamos, a veces hacen películas sobre los peligros de los Wall Streeters o el poder global de las grandes empresas. Eso es, es la izquierda de Vallín. De hecho, se considera liberal, y me atrevo a decir que cuando incluye la palabra "progreso" en el subtítulo de su libro, lo hace con una intención secretamente irónica, porque no se considera uno de ellos. Además, dice que no se trata de calidad y que prefiere con diferencia el cine burgués de un Rohmer a Erin Brockovich: es el progreso el que debería preferir lo contrario, porque "en relación con la poesía, el arte o la filosofía, lo que importa ante todo para el progreso es la relación de todo esto con una lucha "social" que ha definido previamente a su manera (generalmente obtusa), y...", según los resultados de esta investigación, atribuye o niega un valor a la obra, siempre que pueda atribuirle en todo caso una "cualidad" de la que no sabe lo que puede ser y en la que sólo se interesa (el progreso) como un apósito de lo que realmente importa. Para el progreso, el arte o la filosofía se justifican por su papel en la lucha social y, por lo tanto, también deben ser efectivamente accesibles e interesantes para lo que se supone que es el protagonista de esa lucha, es decir, para "el pueblo". En resumen: deben conducir al "hombre del pueblo" a una cierta actitud (considerada correcta) hacia los "problemas reales": la concepción instrumental de la cultura, incluso asumiendo que los "problemas reales" son realmente así y que el progreso no está en el trasfondo reaccionario. Además, en lo que respecta al arte, el juicio de que, según los criterios anteriores, ejecuta el progreso debe basarse en la visión de lo que la obra "expresa" o quiere traer a la mente del espectador, lector u oyente; Pedimos, por tanto, un "sentido" a la obra, y esto, al ser juzgable según una presunta teoría que tiene el programa, debe poder decirse de forma enunciativa, lo que plantea la cuestión de para qué sirve la obra, si está justificada por lo que expresa y si también puede expresarse en una prosa áspera; Parece que lo único que está presente en la obra es la capacidad de sugestión, de seducción del espectador, y entonces habrá que explicarnos cómo esta capacidad difiere esencialmente de la que reside en una determinada publicidad de una bebida o de una modelo de alta costura".PD: ¡es muy divertido de leer! Y el segundo bloque sobre arquetipos es interesante.

Información de la editorial

ARPA EDITORES

PEDRO VALLÍN PÉREZ